ORACIÓN VOCACIONAL DE JUNIO

Publicado en por Ismael

Este año, con motivo del año sacerdotal que ha comenzado estos días, hemos pensado orientar la oración vocacional de este mes en esta dirección, siguiendo el texto evangélico del pasado viernes, día del Sagrado Corazón de Jesús, día del comienzo de este año jubilar.  Pidamos por las vocaciones, la santificación de sacerdotes, por su perseverancia y fidelidad, particularmente los pertenecientes a los Misioneros Oblatos.

 

ORACIÓN POR LAS VOCACIONES PARA EL 21 DE JUNIO 2009

 

1.- Canto Inicial: Alégrate llena de gracia

 

2.- Evangelio: Juan 19,31-37

En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: "No le quebrarán un hueso"; y en otro lugar la Escritura dice: "Mirarán al que atravesaron."

 

3.-Comentario

 

Hemos presentado el Evangelio que se proclamó el pasado viernes, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. En él nos encontramos con la escena de Jesús muerto en la cruz. En él encontramos hasta qué punto el corazón de Cristo es capaz de entregarse por nosotros, hasta el punto de dar la vida.  Y también encontramos el inicio de los sacramentos de la Iglesia, simbolizados a través del agua y la sangre, que brotan del costado abierto de Cristo, de su mismo corazón.  Es el agua del bautismo, el agua de la vida, de la nueva vida y la sangre de la Eucaristía, del alimento de la salvación. Es la entrega total de Cristo que quiere seguir realizando a través del ministerio sacerdotal.

En este año, de un modo particular, toda la Iglesia se prepara para celebrar un año sacerdotal, dedicado a la oración de los Sacerdotes, con los Sacerdotes y por los Sacerdotes; un año de renovación de la espiritualidad del presbiterio y de cada uno de los presbíteros. En el referido contexto, la Eucaristía se presenta como el centro de la espiritualidad sacerdotal. La adoración eucarística para la santificación de los Sacerdotes es uno de los medios privilegiados para alcanzar este fin. El Papa Benedicto XVI ha decidido convocar un Año sacerdotal con ocasión del 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney, cura de Ars, modelo luminoso de pastor, entregado completamente al servicio del pueblo de Dios. Durante este Año sacerdotal, que comenzó el pasado 19 de junio. Tendremos presente el lema del mismo: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”. Este lema nos llena de consuelo; pues se trata de una doble fidelidad, en la que partimos con ventaja: Dios es fiel y no falla nunca.

         La fidelidad de Dios, que culmina en la entrega de su Hijo Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, es ante todo un don de Dios que se convierte en prenda de nuestra fidelidad como sacerdotes. Lo que hemos recibido como don se convierte en tarea. La fidelidad es el primer fruto y la primera exigencia del amor y, como nos dice San Juan: “Él nos amó primero”.

En la homilía con motivo de la celebración del Corpus Christi, el Santo Padre nos recordaba especialmente a los sacerdotes el inicio de este Año Sacerdotal con estas palabras centradas en la Eucaristía: “Me dirijo particularmente a vosotros, queridos sacerdotes, que Cristo ha elegido para que junto con Él podías vivir vuestra vida como sacrificio de alabanza por la salvación del mundo. Sólo de la unión con Jesús podéis obtener esa fecundidad espiritual que es generadora de esperanza en vuestro ministerio pastoral. Recuerda san León Magno que "nuestra participación en el cuerpo y la sangre de Cristo sólo tiende a volvernos en aquello que recibimos" (Sermón 12, De Passione 3, 7, PL 54). Si ello es verdad para cada cristiano, lo es con mayor razón para nosotros los sacerdotes. ¡Ser Eucaristía! Que éste sea, precisamente, nuestro constante anhelo y compromiso, para que al ofrecimiento del cuerpo y de la sangre del Señor que hacemos en el altar, se acompañe el sacrificio de nuestra existencia. Cada día, tomamos del Cuerpo y de Sangre del Señor aquel amor libre y puro que nos hace dignos ministros de Cristo y testigos de su alegría. Es lo que los fieles esperan del sacerdote: el ejemplo, es decir, de una auténtica devoción a la Eucaristía; aman verlo transcurrir largas pausas de silencio y de adoración ante Jesús, como hacía el santo cura de Ars, que vamos a recordar, de forma particular, durante el ya inminente Año Sacerdotal.” (Homilía en la procesión del Corpus Christi; 11 de junio de 2009).

 

Y en esto tenemos el modelo del Santo cura de Ars, del apóstol san Pablo, en cuyo año aún nos encontramos y el ejemplo de nuestro Fundador, un hombre modélico especialmente para nosotros los oblatos en su vivencia del sacerdocio en una comunidad misionera.  Que el Señor siga llamando y nos ayude a todos los oblatos a seguir respondiendo a esa preciosa vocación que el Señor nos ha dado a través del carisma oblato.

 

4.- Preces

Invoquemos, hermanos, a Jesús, que es nuestro descanso, y pidámosle:

Rey amantísimo, ten piedad de nosotros.

 

Jesús, de tu corazón traspasado por la lanza salió sangre y agua, dando así nacimiento a tu esposa, la Iglesia;
haz que tus sacerdotes sean siempre santos e inmaculados.

 

Jesús, templo sagrado de Dios, destruido por los hombres y levantado de nuevo por el Padre,
haz que la Iglesia sea verdadera morada del Altísimo.

 

Jesús, rey y centro de todos los corazones, que nos amas con amor eterno y nos atraes hacia ti compadecido de nosotros,
renueva tu alianza con los hombres.

 

Jesús, paz y reconciliación nuestra, que hiciste las paces entre los hombres uniéndolos en un solo hombre nuevo, y mediante la cruz diste muerte al odio

haz que podamos acercarnos al Padre.

 

Jesús, vida y resurrección nuestras, alivio de los que están agobiados, en quien encontramos nuestro descanso,
no dejes de llamar a hombres y mujeres de nuestro tiempo para entregarse a Tí.

 

Jesús, que, por el gran amor con que nos amaste, te sometiste incluso a la muerte de cruz,

resucita a todos los que han muerto en paz contigo.

 

5.- Oración por los sacerdotes

 

Señor Jesús, presente en el Santísimo Sacramento,
que quisiste perpetuarte entre nosotros
por medio de tus Sacerdotes,
haz que sus palabras sean sólo las tuyas,
que sus gestos sean los tuyos,
que su vida sea fiel reflejo de la tuya.
Que ellos sean los hombres que hablen a Dios de los hombres
y hablen a los hombres de Dios.
Que no tengan miedo al servicio,
sirviendo a la Iglesia como Ella quiere ser servida.
Que sean hombres, testigos del eterno en nuestro tiempo,
caminando por las sendas de la historia con tu mismo paso
y haciendo el bien a todos.
Que sean fieles a sus compromisos,
celosos de su vocación y de su entrega,
claros espejos de la propia identidad
y que vivan con la alegría del don recibido.
Te lo pido por tu Madre Santa María:
Ella que estuvo presente en tu vida
estará siempre presente en la vida de tus sacerdotes. Amen

 

6.- Canto final: Pescador de hombres


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