ORACIÓN VOCACIONAL FEBRERO

Publicado en por Ismael

En esta sección iremos presentando la oración mensual que cada 21 de cada mes los Misioneros Oblatos de María Inmaculada de la Provincia de España, nos invitan a rezar.  En este mes se nos presenta a San Pedro como modelo vocacional.


VOCACIÓN DE SAN PEDRO


1.- Canto Inicial

 

 


2.- Lectura Bíblica: Lucas 5, 1-11

 

Aconteció que, mientras las multitudes se agolpaban sobre él y escuchaban la palabra de Dios, Jesús estaba de pie junto al lago de Genesaret,  y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían salido de ellas y estaban lavando sus redes. Al entrar él en una de las barcas, la cual pertenecía a Simón, pidió a éste que la apartase de tierra un poco. Luego se sentó y enseñaba a las multitudes desde la barca.  Cuando acabó de hablarles, dijo a Simón: --Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.  Simón le respondió y dijo: --Maestro, toda la noche hemos trabajado duro y no hemos pescado nada. Pero por tu palabra echaré las redes.  Cuando lo hicieron, atraparon una gran cantidad de peces, y sus redes se rompían.  Hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles. Ellos vinieron y llenaron ambas barcas, de manera que se hundían.   Simón Pedro, al verlo, cayó de rodillas ante Jesús exclamando: --¡Apártate de Mí, Señor, porque soy hombre pecador!  Por la pesca que habían logrado, el temor se apoderó de Pedro y de todos los que estaban con él,  y de igual manera Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran socios de Simón. Entonces Jesús dijo a Simón: -No temas; desde ahora serás pescador de  hombres. Después de sacar las barcas a tierra, lo dejaron todo y le siguieron.”

 

3.- Comentario

 

            En nuestra meditación de hoy quiero que reflexionemos sobre este sencillo fragmento que acabamos de escuchar.  En él se ven con claridad signos válidos para toda vocación cristiana.  En esta ocasión, quiero sencillamente que nos fijemos en una de ellas.  El paso de pecador: “Apártate de mí, que soy un pecador” al “desde ahora serás pescador de hombres”.  Parece como si fuera necesario el reconocimiento del ser pecador de Pedro para convertirlo en pescador de hombres.  Parece que es necesario también hoy el reconocimiento de nuestro ser pecador para poder ser misioneros del Señor, para poder ser cooperadores del Salvador, como le gustaba decir a San Eugenio.  Y esto por dos motivos. 

En primer lugar sólo desde el reconocimiento de nuestra indignidad, de nuestra miseria y de nuestro pecado podemos poner toda nuestra confianza en el Señor.  Pedro había puesto su confianza en su conocimiento y sabiduría de las artes de pesca, y sin embargo, aquella noche no había pescado nada.  Es a partir de la palabra de Jesús, fiándose de él, cuando consigue la pesca milagrosa.  Por eso se siente indigno.  Él sabe que es débil, frágil, pecador.  Este reconocimiento es fundamental para el seguimiento de Cristo.  Porque la llamada de Dios es un don suyo, no es iniciativa personal.  Y Dios no llama a los que son santos, sino a los pecadores.  No nos llama porque seamos santos, sino para que lo seamos.

Y en segundo lugar, porque desde aquí podemos comprender fácilmente a nuestros hermanos pecadores.  No somos mejores que ellos. Y por ello podemos acercarnos a ellos y hacerles experimentar el amor del Salvador.  El mismo Señor que ha tenido misericordia de Pedro y de cada uno de nosotros, quiere tener misericordia de toda persona humana. Todo misionero por su haber sido redimido del Señor siente entrañas de misericordia ante toda miseria humana, física, psíquica o espiritual.

Pidamos al Señor en esta tarde que haga descubrir en el corazón de tantos jóvenes su amor misericordioso.  Incluso desde la noche oscura del pecado el Señor quiere iluminar sus vidas con su gracia.  Sólo desde esta experiencia del Señor, se está en la disposición adecuada para responder a su llamada.  Esta fue también la experiencia de San Eugenio.  Un joven que experimentando el inmenso amor del Señor hacia él, inmenso pecador, decide entregar toda su vida al servicio del Evangelio.

Miremos a nuestros jóvenes en medio de este mundo vacío de valores y vacío de Dios. Y miremos al Señor, que quiere tocar sus corazones para transformarlos, llenarlos de su presencia.  Por muy alejados que parezcan estar de nuestra Iglesia, Dios no por ello quiere dejar de tocar su corazón.  Pidamos por ello y pidamos nos haga al Señor instrumentos útiles de su presencia en nuestro mundo y particularmente con nuestros jóvenes.

 

4.- Preces Vocacionales

 

Presentamos al Señor nuestra oración con el deseo de que su Reino se vaya extendiendo por el mundo.

 

1. Por la Iglesia, para que sepa acoger, cuidar y fomentar las nuevas vocaciones reconociendo y potenciando la riqueza del Espíritu en ellas.

Roguemos al Señor.

 

2. Por todos nosotros, para que con el testimonio de nuestra vida seamos capaces de suscitar interrogantes y el deseo de seguir a Jesucristo.

Roguemos al Señor.

 

3. Por todos los jóvenes de nuestra parroquia, para que sepan descubrir la vocación que el Señor tiene reservada para sus vidas. Roguemos al Señor.

 

4. Por los jóvenes que se preparan en el Seminario o en casas de formación: para que te vayan reconociendo como centro de sus vidas y respondan cada día con alegría y generosidad.

Roguemos al Señor.

 

5. Suscita profetas en nuestro mundo, Señor, personas que respondan a tu llamada con audacia y generosidad al estilo de San Eugenio de Mazenod.

Roguemos al Señor.

 

Haz, Señor, que esta oración que te dirigimos se acompañe de un compromiso de respuesta por nuestra parte y que facilite tu acción. Que vives y reinas...

 

5.- Canto Final

 

 

Comentar este post

libano 03/18/2009 10:29

Gracias por acercarnos por aqui las lecturas eclesiasticas para los que no las podemos escuchar :)